Ricky es uno de tantos perros abandonados, es un caso más, pero no podiamos dejarlo. Él era un perro guardian en una de las tantas empresas de Camino a Lonquén, pero alguien consideró que ya no servía y lo botaron. Vivió mucho tiempo bajo una pasarela peatonal, en Camino a Lonquén con Americo Vespucio. Pasó hambre y frio, también lo golpeó un camión, pero continuó luchando hasta cuando no pudo resistir tanta miseria. Cuando lo llevamos a la clinica estaba cianotico debido a la bronconeumonia que padecia, ahora está en un hogar temporal y, aunque está estable, su futuro es incierto. Nuestro consuelo es ver que su cara ya no refleja tanto sufrimiento.

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