En junio de este año un grupo de siete peludos fue victima de la inconciencia humana. Estos animales vivian en su casita ubicada en el bandejon central de una calle sin pavimentar en el Barrio El Abrazo de Maipú. Ellos llevanban viviendo allí alrededor de seis o siete años (la mayoría de ellos), desde que el sector era solo potrero. Pero al aumentar la población humana, aumenta también la construcción de viviendas y, por supuesto, estos antiguos residentes no estaban contemplados en este proyecto habitacional, por lo que la gente, que lleva viviendo solo un par de años en el sector, consideró que eran un foco de infección que había que erradicar, rociando con combustible la casa y prendiendole fuego. Afortunadamente no sufrieron daños fisicos, ya que alcanzaron a huir. Solo se quedaron sin hogar.
Lo indignante es que si a una familia humana le sucede esto, en primer lugar, la justicia perseguiría a los responsables hasta encarcelarlos; la municipalidad les daría alimento, ropa, y quizas hasta una media agua; los canales de televisión cubrirían el incedente y sería la portada de todos los diarios; pero como los afectados fueron perros nadie hizo algo por ellos.
Como resultado de esta acción infame los animales tuvieron que buscar nuevos rumbos, por lo cual, el Pitufo fue atropellado cuando andaba vagando en los alrededores, el Cabezón se avecindó en un pasaje cercano, las cuatro hembras duermen todas las noches en mi casa y el Piojo Scooby, que en ese momento estaba recien llegado y en tratamiento por sarna, desnutrición y recuperandose de la amputación de su pata, se integró a otro grupo de peludos que vive en mi pasaje.